La industria del hardware se enfrenta a uno de los desafíos más complejos de la última década, un fenómeno que ya se conoce en los círculos financieros y tecnológicos como el «RAMmageddon».
Lo que comenzó como una fluctuación en los costes de producción se ha transformado en una crisis estructural que amenaza con alterar el calendario de lanzamientos de la próxima generación de consolas.
Según informan desde Bloomberg basándose en fuentes cercanas a la cadena de suministro, Sony está evaluando seriamente posponer el debut de la PS6 hasta 2028 o incluso 2029, una decisión que extendería el ciclo de vida de la actual PS5 más allá de lo previsto inicialmente.
Este cambio de estrategia no responde a una falta de desarrollo técnico, sino a la agresiva competencia por los semiconductores de memoria. El auge sin precedentes de la inteligencia artificial ha provocado que gigantes como Alphabet, Amazon y NVIDIA acaparen la producción de chips de alta fidelidad para alimentar sus centros de datos.
Los principales fabricantes de memoria, incluidos Samsung, SK Hynix y Micron, han priorizado la fabricación de memoria de alto ancho de banda (HBM) para servidores de IA, dejando una capacidad residual para la memoria RAM convencional que utilizan los dispositivos de consumo.
Esta escasez ha disparado los precios de los componentes, complicando la viabilidad económica de una PS6 que, según las filtraciones, aspira a unas especificaciones de memoria ambiciosas para marcar un salto generacional real.
La situación no es exclusiva de Sony. Nintendo, que lanzó la sucesora de su exitosa híbrida a mediados del año pasado, también se encuentra en una encrucijada.
Aunque la Switch 2 ha mantenido un ritmo de ventas sólido desde su estreno, el incremento en los costes de los módulos de 12GB de RAM —estimado en un 41% durante el último trimestre— ha llevado a la compañía de Kioto a considerar un aumento de precio para 2026.
A pesar de que la política tradicional de Nintendo evita vender hardware a pérdida, el entorno actual de volatilidad extrema podría obligar a un ajuste en el PVP para proteger los márgenes de beneficio, rompiendo con la estabilidad de precios que suele caracterizar a la marca tras el primer año de vida de un producto.
Por ahora, Sony mantiene una postura de cautela pública, asegurando que el stock de PS5 está garantizado hasta el cierre de la temporada navideña de 2026. Sin embargo, la sombra de un retraso prolongado para la próxima generación es cada vez más alargada.
Aunque según AMD, porque Microsoft no ha habierto la boca en ese sentido, apunta a que la próxima Xbox sigue con la mira en finales de 2027. Veremos.
Si finalmente la PS6 se desplaza hacia el final de la década, estaríamos ante el ciclo generacional más largo en la historia de la marca, obligando a los desarrolladores a exprimir un hardware que, para entonces, tendrá que convivir con una tecnología de PC y servicios de nube significativamente más avanzados.

