En un movimiento inesperado que redefine el tablero de la industria del entretenimiento y el streaming, Netflix ha anunciado oficialmente que desiste en su intento de adquirir Warner Bros. Discovery.
La decisión deja el camino prácticamente despejado para que la propuesta de Paramount, liderada por David Ellison y Skydance, se convierta en la ganadora de una de las operaciones corporativas más ambiciosas de los últimos años.
Los co-CEO de Netflix, Ted Sarandos y Greg Peters, han sido tajantes al explicar los motivos de esta retirada. Según han manifestado a través de un comunicado oficial, la operación ha dejado de ser «financieramente atractiva» para los intereses de sus accionistas.
Bajo una premisa de disciplina fiscal, la dirección de la compañía ha querido dejar claro que, aunque Warner Bros. es una organización de prestigio mundial y sus marcas habrían encajado en su ecosistema, el estudio era un activo que «estaba bien tener a un precio adecuado», pero en ningún caso una pieza «imprescindible a cualquier precio».
Lo cierto es que esta retirada no supone una derrota total para la plataforma de la N roja en términos económicos. Al romperse el acuerdo previo que existía en las negociaciones con Warner Bros., Netflix se embolsará una compensación de 2.800 millones de dólares en concepto de tasa de terminación, una cifra que será abonada por Paramount como parte de su nueva oferta.
Esta noticia ha sido recibida con optimismo por Wall Street, donde las acciones de Netflix experimentaron una subida superior al 10% tras conocerse que la compañía no se verá involucrada en una guerra de pujas que pudiera comprometer su liquidez.
Por su parte, la oferta de Paramount que ha convencido al consejo de administración de Warner Bros. Discovery se sitúa en los 31 dólares por acción. Además del montante principal, la propuesta incluye diversos incentivos para los accionistas y un compromiso de 7.000 millones de dólares en caso de que la operación no llegue a buen puerto por causas regulatorias.
Sin embargo, a pesar de que el camino parece libre de competidores directos, la fusión todavía debe enfrentarse a importantes escrutinios legales. Las entidades reguladoras tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea tendrán que dar su visto bueno a una operación que ya ha levantado suspicacias entre algunos sectores políticos.
Sin ir más lejos, voces en el Congreso de los Estados Unidos ya califican el movimiento como un posible desastre para la libre competencia, lo que sugiere que el proceso de aprobación podría ser largo y complejo.
Mientras tanto, Netflix parece tener clara su hoja de ruta para el futuro inmediato. En lugar de buscar grandes adquisiciones externas, la compañía planea invertir aproximadamente 20.000 millones de dólares durante este año en la creación de contenido propio y la expansión de su oferta de entretenimiento.
La estrategia de los de Sarandos y Peters pasa por seguir apostando por un crecimiento orgánico y rentable, retomando además su programa de recompra de acciones para seguir impulsando el valor de la empresa de forma independiente.

