Screen Pollution

A principios de esta semana nos encontramos con una noticia que dejó a propios y extraños completamente descolocados. Celia Villalobos, célebre política malagueña que en su día tuvo una anécdota en el Congreso de los Diputados cuando fue pillada jugando al Candy Crush, anunciaba la puesta en marcha de su propio equipo de eSports, al que había bautizado como Screen Wolves.

Todo parecía bastante extraño, pero la puesta en escena estaba bastante bien montada, por lo que muchos se preguntaban quien o quienes estaban detrás de esto, porque se descartaba que Celia diese un giro tan drástico a su vida profesional, por mucho quer fuese «vox poluli» que le gustaban los videojuegos.

Al final todo resultó ser una campaña de Multiópticas, Screen Polution, para concienciar sobre la necesidad de hacer un uso responsable de las pantallas. Más allá del movimiento publicitario, hay algo tan obvio en todo esto que para muchos pasa desapercibido. No somos consciente de la cantidad de tiempo que pasamos mirando pantallas, sobre todo potenciado en los últimos 10 años con la popularización de los smartphones.

Es especialmente preocupante en los mayores de 45 años, porque es donde más se acentúa el deterioro de nuestra salud ocular cuando la exponemos a este tipo de pantallas de forma continuada sin tomar medidas al respecto, ya sea moderando su uso o utilizando lentes especiales para amortiguar su impacto en nuestros ojos antes de que sea demasiado tarde y la solución sea más compleja y costosa.

Curiosamente, según un estudio realizado por Multiópticas, el 70% de las personas cuya edad se encuentrar en la orquilla formada entre los 45 y los 75 años, aun sin considerarse gamers, pasan de media 1,3 horas al día jugando con el móvil, ya sea en la calle, transporte público o en casa. Esto es algo más de media hora de lo que lo hacen los adolescentes, que se dice pronto.

Y ahí es donde cobra sentido el equipo ficticio capitaneado por Celia Villalobos, Screen Wolves. Y es que, 9 de cada 10 personas mayores de 45 años podrían formar parte de él perfectamente debido al tiempo que pasan jugando con sus pantallas sin ser plenamente conscientes de lo que ese uso continuado puede estar suponiendo para su salud ocular.

Aquí todos somos gamers, en mayor o menor medida, pero nuestros padres, tíos o hermanos mayores puede que también lo sean y no lo sepan, siendo ya hora de que se den cuenta que lo son, no solo por ir dejando atrás los estigmas que generalmente ellos mismos aplican a los jóvenes videojugadores, sino por cuidarse de los efectos contraproducentes que pueden acarrerarles a su salud un uso inadecuado de estos dispositivos.