VPN

El lag es probablemente el enemigo número uno de cualquier jugador online. Da igual que estemos en plena batalla en un shooter multijugador como Battlefield 6, disputando un partido en Rocket League o peleando en un juego de lucha: si el ping se dispara, la experiencia se arruina en cuestión de segundos.

Y ciertamente, es una pena gastar dinero en hardware, en juegos, en accesorios de todo tipo para nuestro setup, pasar tiempo practicando y mejorando, para que la conexión a internet defina nuestro éxito o no en las partidas.

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Esa sensación de que tus acciones llegan tarde al servidor, que tus disparos no se registran a tiempo o que tu personaje se mueve a trompicones puede sacarnos de quicio. La buena noticia es que, aunque siempre va a existir un mínimo de latencia, tenemos a nuestro alcance varias formas de reducirla para que no se convierta en un problema.

¿Qué es el ping?

El ping no es más que la medida de la latencia, es decir, el tiempo que tardan los datos en ir desde tu dispositivo hasta el servidor y volver. Se expresa en milisegundos y, aunque a simple vista un número tan pequeño pueda parecer insignificante, en el mundo del juego competitivo cada milésima cuenta.

Con unos 10 ms la respuesta es prácticamente instantánea, pero a partir de los 100 o 150 ms el retraso ya se nota y puede marcar la diferencia entre ganar o perder. Por encima de los 300 ms, directamente, los juegos en línea se vuelven un suplicio.

Los efectos de un ping alto se dejan notar de muchas maneras. Puede que tus disparos lleguen tarde en un shooter, que tu personaje aparezca en un punto del mapa y, de repente, se teletransporte hacia atrás, o que lo que ves en pantalla no coincida con lo que está sucediendo realmente en el servidor.

En los peores casos, el juego puede congelarse o incluso desconectarte de la partida. Todo esto ocurre porque el servidor intenta mantener sincronizadas las acciones de todos los jugadores, y si tu conexión tarda demasiado en enviar y recibir datos, se producen estas incoherencias.

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Valorar el estado de nuestra conexión a internet

A la hora de controlar la latencia, lo primero es saber en qué estado se encuentra tu conexión. La mayoría de juegos permiten mostrar el ping en tiempo real: Valorant lo incluye en sus ajustes de estadísticas, League of Legends lo muestra al pulsar Ctrl + F, Warzone ofrece un medidor en sus opciones de red, y títulos como Fortnite o CS:GO también permiten activarlo desde el menú. Si tu juego no lo ofrece, siempre puedes recurrir a programas de terceros que monitorizan la conexión.

¿Y qué podemos hacer para reducir ese molesto retardo? El primer paso suele ser olvidarse del Wifi y apostar por una conexión por cable. El Ethernet ofrece una estabilidad que las ondas inalámbricas no pueden garantizar, y aunque los routers modernos cada vez lo hacen mejor, los obstáculos físicos y las interferencias siempre van a jugar en su contra.

Si conectar por cable es imposible, conviene al menos utilizar la banda de 5 GHz y colocar el router en una posición elevada y céntrica para mejorar la cobertura.

Otro punto clave es el estado del router. Con el tiempo, acumula datos en caché y empieza a perder rendimiento. Reiniciarlo de vez en cuando ayuda a liberar recursos, aunque si el aparato tiene varios años a sus espaldas lo más recomendable es actualizarlo a un modelo más moderno, especialmente si está diseñado para gaming o con gestión avanzada del tráfico.

Y ya que hablamos de tráfico, es fundamental evitar que otros dispositivos acaparen el ancho de banda mientras jugamos. No es raro que el móvil esté descargando actualizaciones en segundo plano, que la Smart TV esté reproduciendo una serie en 4K o que una copia de seguridad en la nube esté subiendo archivos a la vez. Todo eso se traduce en picos de latencia.

Distancia hasta el servidor del juego

También influye mucho la distancia al servidor de juego. Si te conectas a un servidor situado en tu misma región, el recorrido de los datos será mucho más corto que si viajan a la otra punta del mundo. Algunos juegos seleccionan automáticamente el servidor más cercano, pero otros permiten hacerlo de manera manual, lo que puede ahorrarte unos cuantos milisegundos.

En muchos casos, una VPN bien optimizada puede ser útil, sobre todo si tu proveedor de Internet está enviando tus datos por una ruta poco eficiente.

En este terreno de las VPN, para muchos desconocido, destacamos Surfshark, un servicio ideal para gaming al ofrecernos diferentes rutas hacia los servidores, ayudándonos a reducir la latencia y mejorar nuestra experiencia de juego online. 

Eso significa partidas más fluidas y la posibilidad de ganar ese “plus” competitivo que marca la diferencia. Consigue Surfshark.

Saturación de la red

La saturación de la red es otro enemigo. Durante las horas punta, especialmente por las tardes y los fines de semana, tanto la red de tu proveedor como los propios servidores del juego suelen estar más congestionados, lo que se traduce en mayor lag. Si puedes permitírtelo, jugar en horarios más tranquilos suele dar mejores resultados.

Y para los que comparten conexión con varios miembros de la familia, activar la función de Quality of Service (QoS) en el router puede marcar la diferencia, ya que prioriza el tráfico del juego sobre otras actividades como el streaming o las descargas.

Si después de aplicar todos estos ajustes sigues con problemas, quizás el cuello de botella esté en tu propio plan de Internet. Muchos paquetes básicos no ofrecen la velocidad ni la estabilidad necesarias para un juego competitivo, sobre todo cuando hay varios dispositivos conectados a la vez. En estos casos, subir de plan o, mejor aún, dar el salto a la fibra óptica, puede suponer un cambio radical en la experiencia.

¿Cual es un buen ping para jugar online?

Al final, lo que se considera un “buen” ping depende también del tipo de juego. En los shooters competitivos y en los juegos de lucha, donde las reacciones deben ser casi instantáneas, es fundamental mantenerse por debajo de los 50 ms e incluso de los 30 ms.

Los títulos deportivos y de conducción toleran algo más, hasta unos 80 ms, mientras que los MMO o los RPG multijugador pueden permitirse latencias de hasta 150 ms sin que la experiencia se resienta demasiado. Los juegos de estrategia por turnos, en cambio, no se ven apenas afectados aunque el ping sea bastante más alto.

Conclusiones

En definitiva, reducir el ping no siempre es cuestión de un único cambio, sino de ir ajustando diferentes aspectos de nuestra conexión y nuestra configuración. Desde usar un simple cable hasta optimizar la red doméstica o cambiar de servidor, cada detalle suma.

Y aunque nunca podremos llegar al ansiado “ping cero”, con estos consejos es más que posible volver a disfrutar de partidas fluidas, reacciones instantáneas y un juego online mucho más competitivo.

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